A veces no somos más que cabrones que vagan todo el tiempo mendigando un poco de amor, de placer, de atención, de compañía... a veces somos el mundo que ya ha probado lo que deseábamos un día... buscando a ciegas la forma de morder la vida, sangrando el destino con excesos confusos de perdición.
... viento llegó, viento pasó y como me acuerdo... y me voy volando lejos de mi. dame lo que te pido.
tranquilos, que sólo a mí, suelo hacer daño. Y regresé a la maldición del cajón sin su ropa, a la perdición de los bares de copas, a las cenicientas de saldo y esquina, y, por esas ventas del fino Laina, pagando las cuentas de gente sin alma que pierde la calma con la cocaína, volviéndome loco, derrochando la bolsa y la vida la fui, poco a poco, dando por perdida.
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