tranquilos, que sólo a mí, suelo hacer daño. Y regresé a la maldición del cajón sin su ropa, a la perdición de los bares de copas, a las cenicientas de saldo y esquina, y, por esas ventas del fino Laina, pagando las cuentas de gente sin alma que pierde la calma con la cocaína, volviéndome loco, derrochando la bolsa y la vida la fui, poco a poco, dando por perdida.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Escribir y no ser leído, cazadores, eso somos, no de público sino de ideas.
Probrecillos, aquellos que son cazados. Amo al hombre, la vida y el cosmo... pero "las personas sin principios me gustan más que cualquier otra cosa en el mundo".

No hay comentarios: