tranquilos, que sólo a mí, suelo hacer daño. Y regresé a la maldición del cajón sin su ropa, a la perdición de los bares de copas, a las cenicientas de saldo y esquina, y, por esas ventas del fino Laina, pagando las cuentas de gente sin alma que pierde la calma con la cocaína, volviéndome loco, derrochando la bolsa y la vida la fui, poco a poco, dando por perdida.

lunes, 24 de marzo de 2008

...regresé sin él

El calor de la hamaca me despertó fatigado... observaba los agujeros de luz que se forman en ese viejo techo de palma mientras un extraño sabor a piel se cuajaba en mi boca; salí del rancho y no aprecié mucho la tarde, caminé por el campo junto a mi perro sin mirar, sin hablar... sin pensar. Llegué sin darme cuenta a los límites con el bosque de ceiba que limita junto a los predios de mi padre y entré en él; atrás quedaron las vacas y los caballos y las gallinas y los cerdos, todo cambió allí, era la misma naturaleza la que me atraía, el canto de pájaros que nunca ví, los susurros entre los árboles, todo aquello me exitaba. Caminé poco más de un de dos kilómetros, la soledad de todo aquello me invadía... la brisa insistía en rosarme cada vez más fuerte y mi exitación era increíble.

Encontré un espacio bastante claro que nunca antes había visto, era una parte joven del bosque, árboles más pequeños, caminos más despejados, una cerca eléctrica dividía los espacios y algunos metros hacia la izquierda estaba una puerta de golpe... estaba exitado, estaba arrecho y empecé a acariciarme, a hacerme la paja. Me desnudé, quise acariciar con mi piel todo aquello que veía, quise rozar mi piel por cada árbol, por cada rama... pero la ceiba tiene espinas en la corteza, así que finalmente terminé de pie sobre la puerta , maltratandome el culo con una vareta. Poco menos de una hora había pasado al igual que cada ruido del bosque... alguien me miraba, lo sentí sin miedo, sin verguenza... Caminé dos o tres metros y alguien que también se acariciaba me observaba desde la parte jóven del bosque ; era un hombre moreno, con una pantaloneta vieja de equipo de futbol y un pecho descubierto que reflejaba los estragos del agua de represa con la que se baña la gente en las fincas... en el monte. Me acerqué nuevamente a la puerta mientras lo veía, empezó a acercarse quitandose lo que quedaba de su ropa y en un violento abrazo me unió a él, me acariciaba el culo mientras besaba mi cuello y para cuando salí del asombro de que todo aquello estuviera pasando ya tenía tres de sus dedos adentro y su hirviente miembro queriendo penetrar mi ombligo. Me puso de espaldas hacia él y sentí con dolor la dulce penetración...

Que increíble era aquello, yo solo me aferraba a esa puerta mientras el ímpetu de su embestida me hacía recordar vidas pasadas... puse mi mano en su pecho y no pude evitar hacerle daño, mis uñas se enterraron en su piel mientras él se quejaba... pero no de dolor. Empezó a lacerarme con sus manos, de no haber sido por su vigoroso movimiento no hubiese aceptado todo aquella agresión. Enredó sus dedos en mi pelo y me separó de la puerta para hacerme abrazar la ceiba más cercana, cada pua de aquella corteza se enterró en mi pecho, abdomen y entrepiernas, el dolor empezó a crecer junto al placer y la sagre se derramaba desde mi cuello hasta nuestros pies y empezó a bañar nuestros cuerpos, la sangre le dió un toque especial a los besos, sentía su verga cada vez más grande en mi culo, no resistía todo ese placer, caí de bruces al suelo y el cayó conmigo, mi cara se arrastraba en el suelo mientras su vaiven era cada vez más fuerte... cerré los ojos y depronto estava follando con un gran demonio de sombra y fuego, un balrog que saciaba su placer en mí, sus alas, sus garras, sus sombras, su boca y hasta su látigo se apoderaban de mi cuerpo y nunca sentí que debía separarme de él, el placer aumentaba y mientras sentía su polla de fuego en mi culo me venía una y otra y otra y otra vez...


El calor de la hamaca me despertó fatigado... estaba justo en el lugar donde horas antes había despertado, mi perro me miraba extrañado y la humedad de mi ropa era bastante sospechoza... era un sueño... todo aquello era un sueño, dejé la casa y corría hasta el bosque, me interné en la ceiba llegué hasta la puerta que dividía el bosque viejo del nuevo, empecé a buscarlo, al hombre moreno que me visitó en sueños... ese día regresé sin él, al igual que los días siguientes: regresé sin él.

2 comentarios:

Unknown dijo...

genial el relato y la parte sadomasoquista del acto, bastante al natural como diría draco. por un momento pensé que fue real.

mujerinconveniente dijo...

mi niño...seré directa: yo deseo tener esos sueños!!! jajaja
magnifico amor! me encantó.