no oir y no escuchar, entre clamores miles,
los ruidos ciudadanos, sino sólo el clamor
de las santas campanas, y llevar el fervor
nuestro al vil cumplimiento de tareas pueriles;
dormir entre viciosos y ser un penitente,
amar sólo en silencio, huyendo de la gente;
el infinito tiempo guardar en la paciencia,
y sentir el escrúpulo con ingenuo temor
¡y entre tantos reparos estas pobres virtudes!
-¡Huye -nos dice el Ángel- del orgullo traidor!-
P. Verlaine.
Es acaso el escribir, un trabajo de ocho horas diarias?
Sólo ocho?
No creo. Creo que quien escribe lo hace siempre, aunque no plasme en un papel todo lo que piensa y vive. Creo que escribir implica vivir -por eso no creo en Withman ni en Luis Osorio Jayk, ni en el artista que no lo sabe todo, que no lo ha leído todo-. Creo que sólo la vida te da imágenes, pensamiento y música para crear, plasmar. Qué puede decir quien no ha vivido? Nada. Por eso hay quienes nos quedamos mudos, pues la vida se nos ha acabado y de ella nada queda que decir; así que debemos vivir de nuevo, cambiar todo esquema de vida anterior, convertirnos en río y fluir en el vientre de Gaya, para luego ser árboles que siempre den frutos y nunca marchiten.
Creo que la sóla imaginación no basta para suplantar el sentimiento, que este es autónomo y solo vivirlo te hace conocerlo y te da pie para comentarlo; ¿cómo hablar de hijos que nunca se han parido? ¿cómo hablar de un padre nunca visto? ¿qué decir de los maricas si un glande jamás ha rozaso tu entrepierna? ¿cómo hablar del bazuco sin un bombazo encima? ¿qué decir de una vida jamás vivida? ¿cómo volar sin alas? Antes, callé. Sabía que solo figuraba. Ahora, soy. Creo que soy. Aunque al final creer, sea simplemente eso, creer.
tranquilos, que sólo a mí, suelo hacer daño. Y regresé a la maldición del cajón sin su ropa, a la perdición de los bares de copas, a las cenicientas de saldo y esquina, y, por esas ventas del fino Laina, pagando las cuentas de gente sin alma que pierde la calma con la cocaína, volviéndome loco, derrochando la bolsa y la vida la fui, poco a poco, dando por perdida.
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1 comentario:
Una vez hablamos de algo parecido y hoy repito que no es sólo artista quien publica, es artista el que hace arte, así sea anónimo, pero arte.
Quien escribe sólo lo hace, cuando bajan las palabras, cuando hay necesidad.
Creo que es Shakespeare quien dice en unos de sus textos algo así como: se burla delñ herido quien nunca ha recibido una herida. Es algo así no recuerdo los elementos pero si del concepto. No puede hablar de la vida quien no ha vivido, es verdad, y también es verdad que es peligroso jugar con el fuego si luego no quieres estar quemado.
Al final cada quiene scoge su verdad y construye su camino, lo importante en esta vida de transmutaciones es que se llegue con todas las lecciones aprendidas al final, sin importar la escuela y lso métodos educativos. Pero lo importante es llegar al final habiendo vivido.
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