Escribir y no ser leído, cazadores, eso somos, no de público sino de ideas.
Probrecillos, aquellos que son cazados. Amo al hombre, la vida y el cosmo... pero "las personas sin principios me gustan más que cualquier otra cosa en el mundo".
Fausto, sonatas de un bazuquero...
tranquilos, que sólo a mí, suelo hacer daño. Y regresé a la maldición del cajón sin su ropa, a la perdición de los bares de copas, a las cenicientas de saldo y esquina, y, por esas ventas del fino Laina, pagando las cuentas de gente sin alma que pierde la calma con la cocaína, volviéndome loco, derrochando la bolsa y la vida la fui, poco a poco, dando por perdida.
jueves, 6 de noviembre de 2008
miércoles, 29 de octubre de 2008
¿Qué adelantas sabiendo mi nombre?,
cada noche tengo uno distinto,
y siguiendo la voz del instinto
me lanzo a buscar...
Imagino, preciosa, que un hombre.
Algo más, un amante discreto
que se atreva a perderme el respeto
¿no quieres probar?
Vivo justo detrás de la esquina
no me acuerdo si tengo marido
si me quitas con arte el vestido
te invito a champan.
Le solté al barman mil de propina
apuré la cerveza de un sorbo
acertó el que el templo del morbo
le puso a este bar.
Peor para el sol que se mete a las siete
en la cuna del mar a roncar,
mientras un servidor
le levanta la falda a la luna.
Al llegar al portal nos buscamos
como dos estudiantes en celo,
un piso antes del séptimo cielo
se abrió el ascensor.
Nos sirvió para el último gramo
el cristal de su foto de boda
no faltó ni el desfile de moda
de ropa interior.
En mi casa no hay nada prohibido
pero no vayas a enamorarte
con el alba tendrás que marcharte
para no volver.
Olvidando que me has conocido,
que una vez estuviste en mi cama,
hay caprichos de amor que una dama
no debe tener.
(Estribillo)
Es mejor, le pedí, que te calles,
no me gusta invertir en quimeras,
me han traído hasta aquí tus caderas
no tu corazón.
Y después, para qué más detalles,
ya sabéis, copas, risas, excesos
como van a caber tantos besos
en una canción.
Volví al bar a la noche siguiente
a brindar con su silla vacía,
me pedí una cerveza bien fría
y entonces no se...
...si soñé o era suya la ardiente
voz que me iba diciendo al oído,
me moría de ganas, querido,
de verte otra vez.
J. Sabina.
cada noche tengo uno distinto,
y siguiendo la voz del instinto
me lanzo a buscar...
Imagino, preciosa, que un hombre.
Algo más, un amante discreto
que se atreva a perderme el respeto
¿no quieres probar?
Vivo justo detrás de la esquina
no me acuerdo si tengo marido
si me quitas con arte el vestido
te invito a champan.
Le solté al barman mil de propina
apuré la cerveza de un sorbo
acertó el que el templo del morbo
le puso a este bar.
Peor para el sol que se mete a las siete
en la cuna del mar a roncar,
mientras un servidor
le levanta la falda a la luna.
Al llegar al portal nos buscamos
como dos estudiantes en celo,
un piso antes del séptimo cielo
se abrió el ascensor.
Nos sirvió para el último gramo
el cristal de su foto de boda
no faltó ni el desfile de moda
de ropa interior.
En mi casa no hay nada prohibido
pero no vayas a enamorarte
con el alba tendrás que marcharte
para no volver.
Olvidando que me has conocido,
que una vez estuviste en mi cama,
hay caprichos de amor que una dama
no debe tener.
(Estribillo)
Es mejor, le pedí, que te calles,
no me gusta invertir en quimeras,
me han traído hasta aquí tus caderas
no tu corazón.
Y después, para qué más detalles,
ya sabéis, copas, risas, excesos
como van a caber tantos besos
en una canción.
Volví al bar a la noche siguiente
a brindar con su silla vacía,
me pedí una cerveza bien fría
y entonces no se...
...si soñé o era suya la ardiente
voz que me iba diciendo al oído,
me moría de ganas, querido,
de verte otra vez.
J. Sabina.
viernes, 10 de octubre de 2008
Sonata de Invierno
no oir y no escuchar, entre clamores miles,
los ruidos ciudadanos, sino sólo el clamor
de las santas campanas, y llevar el fervor
nuestro al vil cumplimiento de tareas pueriles;
dormir entre viciosos y ser un penitente,
amar sólo en silencio, huyendo de la gente;
el infinito tiempo guardar en la paciencia,
y sentir el escrúpulo con ingenuo temor
¡y entre tantos reparos estas pobres virtudes!
-¡Huye -nos dice el Ángel- del orgullo traidor!-
P. Verlaine.
Es acaso el escribir, un trabajo de ocho horas diarias?
Sólo ocho?
No creo. Creo que quien escribe lo hace siempre, aunque no plasme en un papel todo lo que piensa y vive. Creo que escribir implica vivir -por eso no creo en Withman ni en Luis Osorio Jayk, ni en el artista que no lo sabe todo, que no lo ha leído todo-. Creo que sólo la vida te da imágenes, pensamiento y música para crear, plasmar. Qué puede decir quien no ha vivido? Nada. Por eso hay quienes nos quedamos mudos, pues la vida se nos ha acabado y de ella nada queda que decir; así que debemos vivir de nuevo, cambiar todo esquema de vida anterior, convertirnos en río y fluir en el vientre de Gaya, para luego ser árboles que siempre den frutos y nunca marchiten.
Creo que la sóla imaginación no basta para suplantar el sentimiento, que este es autónomo y solo vivirlo te hace conocerlo y te da pie para comentarlo; ¿cómo hablar de hijos que nunca se han parido? ¿cómo hablar de un padre nunca visto? ¿qué decir de los maricas si un glande jamás ha rozaso tu entrepierna? ¿cómo hablar del bazuco sin un bombazo encima? ¿qué decir de una vida jamás vivida? ¿cómo volar sin alas? Antes, callé. Sabía que solo figuraba. Ahora, soy. Creo que soy. Aunque al final creer, sea simplemente eso, creer.
los ruidos ciudadanos, sino sólo el clamor
de las santas campanas, y llevar el fervor
nuestro al vil cumplimiento de tareas pueriles;
dormir entre viciosos y ser un penitente,
amar sólo en silencio, huyendo de la gente;
el infinito tiempo guardar en la paciencia,
y sentir el escrúpulo con ingenuo temor
¡y entre tantos reparos estas pobres virtudes!
-¡Huye -nos dice el Ángel- del orgullo traidor!-
P. Verlaine.
Es acaso el escribir, un trabajo de ocho horas diarias?
Sólo ocho?
No creo. Creo que quien escribe lo hace siempre, aunque no plasme en un papel todo lo que piensa y vive. Creo que escribir implica vivir -por eso no creo en Withman ni en Luis Osorio Jayk, ni en el artista que no lo sabe todo, que no lo ha leído todo-. Creo que sólo la vida te da imágenes, pensamiento y música para crear, plasmar. Qué puede decir quien no ha vivido? Nada. Por eso hay quienes nos quedamos mudos, pues la vida se nos ha acabado y de ella nada queda que decir; así que debemos vivir de nuevo, cambiar todo esquema de vida anterior, convertirnos en río y fluir en el vientre de Gaya, para luego ser árboles que siempre den frutos y nunca marchiten.
Creo que la sóla imaginación no basta para suplantar el sentimiento, que este es autónomo y solo vivirlo te hace conocerlo y te da pie para comentarlo; ¿cómo hablar de hijos que nunca se han parido? ¿cómo hablar de un padre nunca visto? ¿qué decir de los maricas si un glande jamás ha rozaso tu entrepierna? ¿cómo hablar del bazuco sin un bombazo encima? ¿qué decir de una vida jamás vivida? ¿cómo volar sin alas? Antes, callé. Sabía que solo figuraba. Ahora, soy. Creo que soy. Aunque al final creer, sea simplemente eso, creer.
lunes, 24 de marzo de 2008
...regresé sin él
El calor de la hamaca me despertó fatigado... observaba los agujeros de luz que se forman en ese viejo techo de palma mientras un extraño sabor a piel se cuajaba en mi boca; salí del rancho y no aprecié mucho la tarde, caminé por el campo junto a mi perro sin mirar, sin hablar... sin pensar. Llegué sin darme cuenta a los límites con el bosque de ceiba que limita junto a los predios de mi padre y entré en él; atrás quedaron las vacas y los caballos y las gallinas y los cerdos, todo cambió allí, era la misma naturaleza la que me atraía, el canto de pájaros que nunca ví, los susurros entre los árboles, todo aquello me exitaba. Caminé poco más de un de dos kilómetros, la soledad de todo aquello me invadía... la brisa insistía en rosarme cada vez más fuerte y mi exitación era increíble.
Encontré un espacio bastante claro que nunca antes había visto, era una parte joven del bosque, árboles más pequeños, caminos más despejados, una cerca eléctrica dividía los espacios y algunos metros hacia la izquierda estaba una puerta de golpe... estaba exitado, estaba arrecho y empecé a acariciarme, a hacerme la paja. Me desnudé, quise acariciar con mi piel todo aquello que veía, quise rozar mi piel por cada árbol, por cada rama... pero la ceiba tiene espinas en la corteza, así que finalmente terminé de pie sobre la puerta , maltratandome el culo con una vareta. Poco menos de una hora había pasado al igual que cada ruido del bosque... alguien me miraba, lo sentí sin miedo, sin verguenza... Caminé dos o tres metros y alguien que también se acariciaba me observaba desde la parte jóven del bosque ; era un hombre moreno, con una pantaloneta vieja de equipo de futbol y un pecho descubierto que reflejaba los estragos del agua de represa con la que se baña la gente en las fincas... en el monte. Me acerqué nuevamente a la puerta mientras lo veía, empezó a acercarse quitandose lo que quedaba de su ropa y en un violento abrazo me unió a él, me acariciaba el culo mientras besaba mi cuello y para cuando salí del asombro de que todo aquello estuviera pasando ya tenía tres de sus dedos adentro y su hirviente miembro queriendo penetrar mi ombligo. Me puso de espaldas hacia él y sentí con dolor la dulce penetración...
Que increíble era aquello, yo solo me aferraba a esa puerta mientras el ímpetu de su embestida me hacía recordar vidas pasadas... puse mi mano en su pecho y no pude evitar hacerle daño, mis uñas se enterraron en su piel mientras él se quejaba... pero no de dolor. Empezó a lacerarme con sus manos, de no haber sido por su vigoroso movimiento no hubiese aceptado todo aquella agresión. Enredó sus dedos en mi pelo y me separó de la puerta para hacerme abrazar la ceiba más cercana, cada pua de aquella corteza se enterró en mi pecho, abdomen y entrepiernas, el dolor empezó a crecer junto al placer y la sagre se derramaba desde mi cuello hasta nuestros pies y empezó a bañar nuestros cuerpos, la sangre le dió un toque especial a los besos, sentía su verga cada vez más grande en mi culo, no resistía todo ese placer, caí de bruces al suelo y el cayó conmigo, mi cara se arrastraba en el suelo mientras su vaiven era cada vez más fuerte... cerré los ojos y depronto estava follando con un gran demonio de sombra y fuego, un balrog que saciaba su placer en mí, sus alas, sus garras, sus sombras, su boca y hasta su látigo se apoderaban de mi cuerpo y nunca sentí que debía separarme de él, el placer aumentaba y mientras sentía su polla de fuego en mi culo me venía una y otra y otra y otra vez...
El calor de la hamaca me despertó fatigado... estaba justo en el lugar donde horas antes había despertado, mi perro me miraba extrañado y la humedad de mi ropa era bastante sospechoza... era un sueño... todo aquello era un sueño, dejé la casa y corría hasta el bosque, me interné en la ceiba llegué hasta la puerta que dividía el bosque viejo del nuevo, empecé a buscarlo, al hombre moreno que me visitó en sueños... ese día regresé sin él, al igual que los días siguientes: regresé sin él.
Encontré un espacio bastante claro que nunca antes había visto, era una parte joven del bosque, árboles más pequeños, caminos más despejados, una cerca eléctrica dividía los espacios y algunos metros hacia la izquierda estaba una puerta de golpe... estaba exitado, estaba arrecho y empecé a acariciarme, a hacerme la paja. Me desnudé, quise acariciar con mi piel todo aquello que veía, quise rozar mi piel por cada árbol, por cada rama... pero la ceiba tiene espinas en la corteza, así que finalmente terminé de pie sobre la puerta , maltratandome el culo con una vareta. Poco menos de una hora había pasado al igual que cada ruido del bosque... alguien me miraba, lo sentí sin miedo, sin verguenza... Caminé dos o tres metros y alguien que también se acariciaba me observaba desde la parte jóven del bosque ; era un hombre moreno, con una pantaloneta vieja de equipo de futbol y un pecho descubierto que reflejaba los estragos del agua de represa con la que se baña la gente en las fincas... en el monte. Me acerqué nuevamente a la puerta mientras lo veía, empezó a acercarse quitandose lo que quedaba de su ropa y en un violento abrazo me unió a él, me acariciaba el culo mientras besaba mi cuello y para cuando salí del asombro de que todo aquello estuviera pasando ya tenía tres de sus dedos adentro y su hirviente miembro queriendo penetrar mi ombligo. Me puso de espaldas hacia él y sentí con dolor la dulce penetración...
Que increíble era aquello, yo solo me aferraba a esa puerta mientras el ímpetu de su embestida me hacía recordar vidas pasadas... puse mi mano en su pecho y no pude evitar hacerle daño, mis uñas se enterraron en su piel mientras él se quejaba... pero no de dolor. Empezó a lacerarme con sus manos, de no haber sido por su vigoroso movimiento no hubiese aceptado todo aquella agresión. Enredó sus dedos en mi pelo y me separó de la puerta para hacerme abrazar la ceiba más cercana, cada pua de aquella corteza se enterró en mi pecho, abdomen y entrepiernas, el dolor empezó a crecer junto al placer y la sagre se derramaba desde mi cuello hasta nuestros pies y empezó a bañar nuestros cuerpos, la sangre le dió un toque especial a los besos, sentía su verga cada vez más grande en mi culo, no resistía todo ese placer, caí de bruces al suelo y el cayó conmigo, mi cara se arrastraba en el suelo mientras su vaiven era cada vez más fuerte... cerré los ojos y depronto estava follando con un gran demonio de sombra y fuego, un balrog que saciaba su placer en mí, sus alas, sus garras, sus sombras, su boca y hasta su látigo se apoderaban de mi cuerpo y nunca sentí que debía separarme de él, el placer aumentaba y mientras sentía su polla de fuego en mi culo me venía una y otra y otra y otra vez...
El calor de la hamaca me despertó fatigado... estaba justo en el lugar donde horas antes había despertado, mi perro me miraba extrañado y la humedad de mi ropa era bastante sospechoza... era un sueño... todo aquello era un sueño, dejé la casa y corría hasta el bosque, me interné en la ceiba llegué hasta la puerta que dividía el bosque viejo del nuevo, empecé a buscarlo, al hombre moreno que me visitó en sueños... ese día regresé sin él, al igual que los días siguientes: regresé sin él.
domingo, 10 de febrero de 2008
digo que no soy un hombre puro...
Yo no voy a decirte que soy un hombre puro.
Entre otras cosas
falta saber si es que lo puro existe.
O si es, pongamos, necesario.
O posible.
O si sabe bien.
¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura,
el agua de laboratorio,
sin un grano de tierra o de estiércol,
sin el pequeño excremento de un pájaro,
el agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno?
¡Puah!, qué porquería.
Yo no te digo pues que soy un hombre puro,
yo no te digo eso, sino todo lo contrario.
Que amo (a las mujeres, naturalmente,
pues mi amor puede decir su nombre),
y me gusta comer carne de puerco con papas,
y garbanzos y chorizos, y
huevos, pollos, carneros, pavos,
pescados y mariscos,
y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino,
y fornico (incluso con el estómago lleno).
Soy impuro ¿qué quieres que te diga?
Completamente impuro.
Sin embargo,
creo que hay muchas cosas puras en el mundo
que no son más que pura mierda.
Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario.
La pureza de los novios que se masturban
en vez de acostarse juntos en una posada.
La pureza de los colegios de internado, donde
abre sus flores de semen provisional
la fauna pederasta.
La pureza de los clérigos.
La pureza de los académicos.
La pureza de los gramáticos.
La pureza de los que aseguran
que hay que ser puros, puros, puros.
La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia.
La pureza de la mujer que nunca lamió un glande.
La pureza del que nunca succionó un clítoris.
La pureza de la que nunca parió.
La pureza del que no engendró nunca.
La pureza del que se da golpes en el pecho, y
dice santo, santo, santo,
cuando es un diablo, diablo, diablo.
En fin, la pureza
de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro
para saber qué cosa es la pureza.
N. G.
Entre otras cosas
falta saber si es que lo puro existe.
O si es, pongamos, necesario.
O posible.
O si sabe bien.
¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura,
el agua de laboratorio,
sin un grano de tierra o de estiércol,
sin el pequeño excremento de un pájaro,
el agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno?
¡Puah!, qué porquería.
Yo no te digo pues que soy un hombre puro,
yo no te digo eso, sino todo lo contrario.
Que amo (a las mujeres, naturalmente,
pues mi amor puede decir su nombre),
y me gusta comer carne de puerco con papas,
y garbanzos y chorizos, y
huevos, pollos, carneros, pavos,
pescados y mariscos,
y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino,
y fornico (incluso con el estómago lleno).
Soy impuro ¿qué quieres que te diga?
Completamente impuro.
Sin embargo,
creo que hay muchas cosas puras en el mundo
que no son más que pura mierda.
Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario.
La pureza de los novios que se masturban
en vez de acostarse juntos en una posada.
La pureza de los colegios de internado, donde
abre sus flores de semen provisional
la fauna pederasta.
La pureza de los clérigos.
La pureza de los académicos.
La pureza de los gramáticos.
La pureza de los que aseguran
que hay que ser puros, puros, puros.
La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia.
La pureza de la mujer que nunca lamió un glande.
La pureza del que nunca succionó un clítoris.
La pureza de la que nunca parió.
La pureza del que no engendró nunca.
La pureza del que se da golpes en el pecho, y
dice santo, santo, santo,
cuando es un diablo, diablo, diablo.
En fin, la pureza
de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro
para saber qué cosa es la pureza.
N. G.
jueves, 7 de febrero de 2008
vendido a la noche
y cortar todo de raíz fue la solución más acertada, digo yo, no te veo, no me ves; de seguro nisiquiera me extrañas, con toda esa nueva vida que llevas ahora... cobarde me siento a veces por no buscarte; infelíz soy cada vez que recuerdo que estoy fuera de tu vida, que me mantengo fuera de ella, aunque quisiera siempre estar con vos. Ernesto Cardenal, poeta, dice que podré amar a otros como te amaba a tí, pero que a tí no te amarán como te amaba yo... cierto o no, no importa, yo estoy roto; como ese adorno que compraste hace mucho tiempo atrás y finalmente un día no va más no va más y se rompe... así, roto, como un "elemento decorativo" roto. que suerte!
cansa, ya no ver en mí más que un instante de placer... igual con los otros; gracias, de todos modos.
cansa, ya no ver en mí más que un instante de placer... igual con los otros; gracias, de todos modos.
lunes, 4 de febrero de 2008
A veces no somos más que cabrones que vagan todo el tiempo mendigando un poco de amor, de placer, de atención, de compañía... a veces somos el mundo que ya ha probado lo que deseábamos un día... buscando a ciegas la forma de morder la vida, sangrando el destino con excesos confusos de perdición.
... viento llegó, viento pasó y como me acuerdo... y me voy volando lejos de mi. dame lo que te pido.
... viento llegó, viento pasó y como me acuerdo... y me voy volando lejos de mi. dame lo que te pido.
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